Cuando hablamos de empaque, la atención suele centrarse en el primario, es decir, aquel que está en contacto directo con el producto. Sin embargo, el empaque secundario cumple funciones igual de estratégicas, aunque muchas veces pase desapercibido. No se trata solo de una “caja exterior” o un embalaje de tránsito; su diseño influye en la protección del contenido, en la eficiencia logística y en la forma en que los consumidores perciben la marca.
Más allá de resguardar el producto, dentro de las funciones del empaque secundario se encuentra facilitar el transporte, el almacenamiento y la exhibición, convirtiéndolo en un aliado clave para optimizar procesos y reforzar la experiencia de compra. En este blog, exploraremos por qué su diseño del empaque secundario es tan importante y de qué manera impacta tanto en las compañías como en los usuarios finales.
¿Qué es el empaque secundario?
El empaque secundario se entiende como la capa intermedia de protección y agrupación dentro de un sistema de empaques. A diferencia del primario, que está en contacto directo con el producto, este cumple un rol complementario: reunir, reforzar y facilitar el traslado de varias unidades al mismo tiempo.
Ejemplos comunes empaques secundarios son las cajas de cartón que contienen seis envases de leche, los empaques que agrupan botellas o frascos para su transporte a supermercados, o los empaques utilizados en el comercio electrónico que entregan el pedido completo al consumidor.
Su relevancia no radica únicamente en la logística, ya que también aporta valor en la etapa comercial. Muchos diseños de empaques secundarios incluyen información práctica, mensajes de marca o instrucciones de uso, convirtiéndose en una herramienta que conecta la operación con la experiencia del cliente.
Para comprender mejor dónde se sitúa este tipo de empaque, conviene observar el sistema en conjunto:
- Empaque primario: protege directamente al producto y asegura su conservación (ejemplo: una botella de agua o una lata de refresco).
- Empaque secundario: agrupa y refuerza varios empaques primarios, optimizando su transporte, almacenamiento y exhibición.
- Empaque terciario: pensado para el traslado a gran escala, protege y consolida tanto primarios como secundarios en pallets, contenedores u otras soluciones de alta resistencia.
En este sentido, el empaque secundario cumple una función estratégica: equilibra la eficiencia operativa con la presentación comercial, asegurando que el producto llegue en perfectas condiciones y, al mismo tiempo, proyecte una imagen organizada y coherente de la marca.

¿Por qué es crucial el diseño de empaques secundarios?
El diseño del empaque secundario va mucho más allá de ser una simple caja que protege productos. Su aporte es estratégico, ya que incide en la logística, en la percepción de marca y en la experiencia del consumidor.
Estas son las principales razones por las que el diseño del empaque secundario es esencial:
1. Protección y durabilidad:
El empaque secundario funciona como una barrera frente a los riesgos del transporte, el almacenamiento y la manipulación. Un diseño adecuado asegura que los productos lleguen en óptimas condiciones, evitando daños por golpes, humedad o presión en el apilamiento. Esto no solo reduce devoluciones y pérdidas económicas, sino que también protege la confianza del consumidor.
2. Identidad de marca y experiencia de unboxing:
El empaque secundario es un recurso visual y sensorial que refuerza la identidad de marca. En el comercio electrónico, suele ser la primera interacción física que tiene el cliente con la compañía, por lo que un diseño atractivo, funcional y alineado con los valores corporativos puede transformar un simple paquete en una experiencia memorable de unboxing. Tal como destacamos en nuestro blog sobre Tendencias e innovación en empaques de cartón, el diseño es una herramienta de conexión entre marca y consumidor.

3. Compromiso con la sostenibilidad:
Cada vez más consumidores valoran que las marcas utilicen empaques responsables con el medioambiente. Diseños que incorporan materiales reciclables o de fuentes sostenibles apoyan la economía circular, donde los recursos se mantienen en uso durante más tiempo y se reducen los desechos. Además, los empaques de papel tienen la ventaja de ser renovables, reciclables en múltiples ciclos y con la tasa de recuperación más alta a nivel global.
4. Eficiencia en la cadena de suministro:
El diseño también impacta en los costos y procesos internos. Empaques livianos, compactos y fáciles de apilar permiten aprovechar mejor el espacio en bodegas y vehículos de transporte. Esta optimización genera ahorros logísticos, mayor seguridad en el traslado y una gestión más ágil en toda la cadena de suministro.

5. Comodidad para el consumidor:
Cuando un empaque secundario está pensado para la conveniencia, aporta valor añadido al producto. Opciones como multipacks fáciles de cargar, cajas resellables o empaques con asas ergonómicas simplifican el transporte y almacenamiento para el consumidor final, mejorando su experiencia global.
Mejores prácticas para el diseño de empaques secundarios.
– Definir requisitos de diseño desde el inicio:
Establece claridad sobre las funciones que debe cumplir el empaque secundario: protección, logística, presentación, comunicación de marca, costos. Esto permite orientar el proyecto, evitar revisiones innecesarias y asegurar que todos los involucrados (diseño, producción, logística) trabajen con los mismos criterios.
– Emplear prototipos y pruebas de usuario:
Antes de producir en serie, realizar muestras físicas y recoger retroalimentación tanto interna como de clientes puede revelar fallas en resistencia, facilidad de manejo o legibilidad de información, que quizás no se detectan en planos o mockups digitales.
– Crear diseños que se adapten a la automatización y maquinaria:
Tener en cuenta la capacidad de las líneas de producción, la compatibilidad con máquinas armadoras o embaladoras mecanizadas, para que el empaque sea funcional no solo visualmente, sino operativo.

– Priorizar la claridad visual y la legibilidad:
Asegurar que elementos como logotipo, nombre del producto, instrucciones o advertencias se vean claramente, usando tipografías adecuadas, buen contraste de colores y espaciado legible. Esto también mejora la experiencia del cliente y reduce errores.
– Minimizar estructuras innecesarias o volumen vacío:
Un buen diseño busca eliminar material innecesario, evitar excesos de tamaño o relleno que no aportan protección adicional. Diseños compactos reducen costos de transporte, materiales y residuos.
El diseño del empaque secundario va mucho más allá de ser una simple “caja” que acompaña al producto. Se trata de un componente estratégico que protege, comunica y aporta eficiencia a toda la cadena de valor. Un empaque secundario bien planificado no solo garantiza la seguridad de los productos durante el transporte y almacenamiento, sino que también fortalece la identidad de la marca, mejora la experiencia del consumidor y responde a las crecientes demandas de sostenibilidad.

En un mercado cada vez más competitivo y consciente del impacto ambiental, invertir en un diseño funcional, estético y responsable se convierte en una ventaja clave para las compañías que buscan diferenciarse y generar confianza. Al final, un empaque secundario inteligente no solo transporta productos: transporta valor, compromiso y la promesa de una mejor experiencia para el cliente.